martes, 19 de junio de 2012

Esto también pasará



Siempre me gustó  este pasaje a un cuento, de origen oriental, procedente de los cuentos de Las mil y una noches, y que se titula "Esto también pasará". Muestra la misma convicción de que los momentos penumbrosos pasarán, y vendrá un futuro mejor.
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
- No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”
Durante la Edad Media, era tal el prestigio de que gozaba Virgilio, que se le consideraba un mago. Se practicaba un método de adivinación, conocido como Sortes Vergilianae. La persona que deseaba escudriñar su futuro formulaba una consulta. El adivino escogía al azar un pasaje de la Eneida de Virgilio, lo leía y lo interpretaba a manera de respuesta a la consulta.

En estos momentos, me gusta imaginar que soy el consultante que, agobiado por el presente ingrato y ansioso por el porvenir incierto, quiere indagar en lo que (le) deparará el futuro. Pues me gustaria contar con ese libro para que el consultante (o sea yo) pueda abrir una página al azar y saber las respuesta. 
Son de esos días donde me gustaria ser aquella persona que fui, me pregunto por que vivo buscando en el reflejo del otropara mi definición,  a sabiendas de lo que va a pasar. Es como un círculo vicioso, donde aparezco, desaparezco y no consigo nada mas que infelicidad. Tengo tanto enojo conmigo misma, y vivir con eso es insoportable. Es que no se por que  acepto ser ignorada, ya no hay palabras ni gritos ni sonidos que sirvan. A veces pienso que es lo que me gustaria y empiezo a crear los personajes imaginarios, que por cierto son perfectos, y los alimento con una quimera pero claro está que me mantienen en vela, son las 6:30 am y sigo despierta con un dolor en la panza que no me deja moverme.
Pobre hijo mío, que madre te ha tocado. Sé que no serás la salvación de mis problemas por que justamente no es lo que deseo para vos, pero si serás la razón de mi vida, de mis risas. Que ganas de tenerte conmigo.
Mi lindo Joaquín.

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